LOS CRIADORES Y EL DESTINO DE NUESTRO CABALLO

Mariano Cabrera Ganoza.

 

A finales de la década de los años 40, se reunió un grupo de criadores del caballo nacional, preocupados por el rumbo que éste había tomado. Ellos asumieron voluntariamente el destino de la cría, formando nuestra actual asociación motivados por diferentes razones, pero iluminados por la más grande de ellas, la fe a su caballo. Los socios fundadores tenían la memoria histórica, adquirida de los testimonios de los criadores nacidos en el siglo XIX, los que narraban las virtudes del caballo nacional.mariano cabrera

Estos testimonios, añadidos a sus experiencias, les hacían comprender la necesidad de rescatar nuestro caballo del marasmo en que se encontraba en la década de los años 40. Ellos eran los últimos testigos de la transición y de la debacle que la ganadería equina había sufrido con la aparición del motor. Este adelanto, producto de la modernización obligada de los pueblos, le confiscaba a nuestro caballo la vocación viajera, confinándolo a los valles, para dedicado solamente a las actividades de utilidad agraria, las que por sus características de trabajo no exigían el límite de las cabalgaduras.

Aquella función viajera que fue la actividad obligatoria hasta comienzos del siglo XX y que había forzado a nuestro caballo a sobreponerse a las inclemencias y distancias de los desiertos que separan los valles en el Perú, le había sido arrebatada. Esta encontrada e infortunada situación, no los amilanó sino por el contrario fue uno de los acicates que tuvieron para enfrentar el problema y sin doble lenguaje ni menos con razones subalternas, emprendieron el rescate del caballo nacional, teniendo por equipaje solamente el coraje, la fe y los conocimientos, quizás románticos, que poseían del caballo y su tradición.

Pasado algún tiempo, desde la fundación de la asociación, a algunos de aquellos jóvenes enardecidos por la idea de saber estar perdiendo el caballo y su tradición, les apodaron los equino técnicos, sobrenombre que presuponía una alta concentración de ironía, muy distante del reconocimiento por la obra emprendida y que el tiempo se encargaría de otorgarle el valor que ésta merecía.

Cuando se constituyó la asociación de criadores fueron trece los que la fundaron, hoy debemos ser debemos ser agradecidos y estar orgullosos de saber que ellos hicieron por nuestro caballo, lo que tenían que hacer.

En el inicio, se convocó a concursos con el fin de evaluar la situación real de la caballada, apartando a los caballos ajenos al tipo deseado y acentuando los jueces, sus preferencias en los ejemplares que mantuvieran la excelencia y el carácter racial de nuestro caballo.

Es menester recordar que con el abandono sufrido por la raza, algunos criadores en su desesperación e ignorancia y sin liderazgo, optaron en mejorarla en base a cruzamientos, agravando el problema y su solución. De allí que jueces como Don Antonio Graña y otros, se vieran forzados a asumir la tarea no grata de actuar con extrema crudeza en sus juzgamientos, depurando la raza de ejemplares bastardos o ajenos al caballo peruano.

Al margen de la evaluación de la raza, existieron otros motivos para la realización de los concursos, como el de unificar criterios, comparar los logros de cada criadero o el de tomar conciencia clara de poseer una excelente raza. La voluntad crítica y no el envanecimiento por lo que se iba obteniendo determinó la lucha permanente para reencontrarse con las cualidades perdidas, testimoniadas en el pasado.

Oritur, palabra que traducida al castellano significa oriente y en el griego origen, explica la dirección de la labor visionaria que tuvieron los jueces, encontrando el futuro de nuestro caballo y su tradición en el pasado centenario de la raza. La asociación, felizmente, estaba bien orientada teniendo claro el origen. Los equino técnicos y algunos socios más, guiaron la raza de nuestro caballo hasta donde hoy estamos, sin apartarse de los orígenes raciales y funcionales, pero los límites extremos de la entrega que los viajes en su recorrido urgían, no pudieron ser conservados.

Don José Musante Hurtado, con su inteligencia y amable señorío, supo canalizar los intentos por rescatar a la raza de nuestro caballo .EI, en su autocrítica sin apegos personales, empezó a formar por selección un linaje de caballos, con las características del andar típico de la raza, "pero" con el fenotipo bien conformado.

Logrando voluntariamente, que la frase siempre inacabada de caballo peruano de paso, se convierta en la oración completa, poniéndole el sujeto universal con verbo y predicamento singulares. Este punto de inflexión en la historia del caballo moderno, ha sido decisiva para la cría, por la revolución conceptual que conlleva, el quebrarle el brazo al devenir soso, por iniciativa y voluntad del criador.

Y al igual que la humedad en los campos penetra sin que la veamos, esta actitud penetraría en las mentes de los criadores. Eran épocas en donde existían posiciones encontradas respecto a la estructura o impulsión de los caballos, habiendo los que sostenían que la suavidad se obtenía por el largo de cuartillas o que el caballo se halaba con las manos o que la finura se la veía por la fragilidad de las encabaduras yaciendo en el consiente colectivo, que así tenía que ser.

Estas apreciaciones de las supuestas cualidades,  parecen no tener sentido hoy en día, pero en su tiempo y su contexto, era de difícil distingo, lo que hoy para nosotros es rutina diaria.

Ese fue el contexto, en el que se retomó la dirección de la cría de nuestro caballo, fundándose la asociación nacional de criadores y propietarios de caballos peruanos de paso. El tiempo transcurrió hasta comenzada la década del setenta, en donde se promulgó la ley de la reforma agraria en el agro, deportando al caballo de sus valles y actividades camperas. Como consecuencia de aquella política, hoy estamos en la disyuntiva de encontrar el éxito en los concursos o de buscar en distinto momento y modo, las condiciones perdidas.

Ya es tiempo de saber que nuestra competencia no está en los concursos, sino con las otras razas del mundo - Sabiendo y teniendo clara esta idea matriz, debemos hacer el balance de las ventajas y desventajas del caballo peruano.

La denominación de origen, es del Perú y para siempre, pero su destino final, está más allá de sus fronteras, siendo esta la reflexión que debe guiar el esfuerzo de los criadores y también el criterio de los juzgamientos, procurándole encontrar a nuestra raza, el verdadero sentido que la modernidad exige.

El reto de todos los criadores, está en lograr que nuestro caballo, enseñe sus bondades al mundo, manteniendo la longevidad y sanidad en la función. Démosle la oportunidad de hacerlo y que la asociación por intermedio de sus jueces, corrija algunas características que pueden y deben ser mejoradas. Se preguntará el neófito algo despistado ¿Habrán características que corregirle a la raza del caballo peruano?

A lo que se le contestará que sí y que también las hay en las demás razas, pero que en la nuestra, sólo bastaría con abocarnos a mejorar las cuartillas y a erradicar de la cría, a los ejemplares que no posean la debida angulación interior, formada por la articulación tibio metatarsiana (corvejón).

Seamos, autocríticos y proactivos, aceptando que los ligamentos y tendones del caballo peruano, no son su mejor cualidad y que si a este demérito le sumamos el que posea un perímetro de cuartilla no muy apropiado para su función, estaremos conduciendo a nuestra raza a un destino local y de muy poco futuro.

A mejor perímetro de cuartilla, cuerdas y entre cuerdas más longevidad con sanidad. En lo que se refiere a la segunda mejora y en la idea de reencontrar la longevidad con sanidad, es necesario difundir en la cría, la correcta angulación interior del corvejón. Ella es la clave para que nuestro caballo funcione bien, haciendo que el aire del piso no le sea artificial ni dañino, sino por el contrario, que sus movimientos le sean naturales, amplios y beneficiosos en la función. Recordemos, que la sucesión de impulsos y apoyos individuales del caballo peruano, son de una sutileza y un esfuerzo inconmensurables.

Las demás razas, se impulsan y apoyan por bípedos simultáneos, sumándose la fuerza en el doble impulso y dividiéndose el impacto en el doble apoyo. Si interiorizamos estos conceptos, lograremos que las mejoras planteadas se conviertan en realidad, asegurando el porvenir de nuestro caballo en el mundo ecuestre.

El destino de nuestro caballo es universal, siendo esta razón suficiente, para que los criadores afronten el reto con la autocrítica y actitud de los que nos precedieron.

Conocer y reconocer el presente de nuestra raza, significa abandonar la condición de invidentes.

A nuestro caballo, le confiscaron su carácter viajero con la aparición del motor, para luego, confinarlos al ámbito de los valles para volverlos a confiscar, obligándolos en la actualidad a vivir en criaderos y a trabajar en los campos de los concursos.

Nuestro caballo espera que sus criadores no lo despojen del destino universal que merece. Tengamos claro que con generosidad, voluntad y autocrítica el caballo peruano de paso fue rescatado del marasmo en el que se encontraba a comienzos del siglo XX. Lo que decidamos hacer de él será su futuro y el nuestro como criadores.

Hoy, entre todos los caballos, el nuestro es el de más suave andar, pero eso, no es suficiente para asir al destino que se le tiene reservado.

Pido en nombre, de los miles de criadores que hicieron la raza, cuestionar lo que damos como válido y así no pecar de soberbia, cuando decimos tener el mejor caballo de silla del mundo.

Aquellos criadores de antaño, que nos dejaron por herencia, las virtudes labradas en soledades camperas y que a golpe de casco esculpieran la sangre, los huesos y los músculos de nuestro caballo esperan de nosotros la misma entrega.

Criadores, la generosidad y nobleza con la que se actuó en el pasado hizo posible a caballo peruano, en el presente y de manera semejante, continuemos la obra emprendida convirtiendo al caballo del Perú, en nuestro caballo universal.